föstudagur, mars 27, 2009

Over a cup of coffee

Te amo, le dije, calladamente, cerca de su oído.

-And what did he said? My bgf asked me later, as I recounted her the episode, a few days later, over a cup of coffee.
-Nothing, I answer.
-Oh.

mánudagur, mars 16, 2009

Sandra en el Diván

Se recostó de nuevo sobre el diván. La sesión no había terminado, pero Andrei se había levantado por una llamada urgente de la secretaria, y ella se quedó sola por unos momentos en el enorme cuarto de consultas. Predominaba el café y el burgundy, los libreros de caoba obscuro y la alfombra, sillones y adornos del otro color creando una atmosfera muy señorial y elegante. Miró a la mesita que tenía frente a sus pies, la que la separaba de Andrei durante las consultas. Su bolsa estaba abierta, dejando entrever unos papeles de un volante que le habían pedido hacer. También había una caja de kleenex. Pensó en Marcos, y su hilo de pensamiento ya iba a adentrarse en las obscuras aguas por las cuales iba al psicólogo, pero un gato en la ventana la detuvo. Un gato en la ventana. Por la parte de afuera, sentadito, efigie egipcia, mirándola. Estaba por fuera del vidrio, eso sí, y sin embargo, la miraba con atención. Sandra se rascó la cabeza y peinó el cabello con una mano al mismo tiempo. ¿Por qué la miraba el gato? ¿Qué se le había perdido al gato? Andrei entró por la puerta, y el gato cambió de esa pose eterna a huir, dejando la ventana vacía. Andrei se aclaró la garganta y se sentó, apoyando sus codos en sus rodillas y reclinándose hacia enfrente, manos unidas y entrelazadas, cara consternada.

-“Sandra... acabo de recibir una llamada.”

La voz de Andrei se oía preocupada, y Sandra se sorprendió.

-“Ah! No hay problema, yo puedo esperar..”

-“Sandra, dime... hay algo que no me hayas dicho de lo que has hecho esta semana? Hoy?”

Sandra subió ligeramente su vista hacia la izquierda intentando recordar. Esta semana... esta semana... –“Salvo ir a trabajar al despacho no.”

-“Y no has visto a Marcos?”

-“No no... si él no quiere verme... yo esta semana he sido fuerte y no lo he buscado. Me he abstenido.”

-“Porque Marcos dice que te vio”

El corazón de Sandra latió más fuerte. –“¿Me vio? ¿En sueños? ¿En la calle? ¿Me buscó? ...” Andrei agitó la cabeza en un no casi imperceptible. “Significa que aun tiene sentimientos por mi?” se aventuró a sincerar Sandra.

“No Sandra.... parece que no es así.”

Andrei miraba seguido a la puerta y al reloj. Sus manos sudaban y el jugaba con ellas, aun en la posición anterior.

-“Andrei, tienes que decirme. ¡Tienes que! ¿Dónde me vio?”

-“¿De verdad que no lo recuerdas? ¿O me estas mintiendo? Tu sabes que como tu psicólogo, y como tu amigo, podrías contarme cualquier cosa...” Andrei hablaba rápidamente, consternado.

-“No Andrei, yo no lo vi. ¡Yo estoy intentando olvidarlo, y pues aun sueño con él, casi a diario, pero no le he marcado, no he pasado por su casa, no lo he visto en la oficina, no lo he buscado en el café de sus amigos...”

-“Yo se que has trabajado muy duro en eso Sandra, pero... la voz” La puerta se abrió y Andrei interrumpió su diálogo. Tres oficiales de policía entraron intempestivamente, pistola en mano, al despacho. El policía que entró primero la divisó y con una señal de cabeza le dio a entender a sus compañeros "ella"

-“Señorita Sandra Cisneros, haga el favor de ponerse de pie y acompañarnos.”

-“Pero.. ¿qué es esto? ¿Qué pasa aquí?” La voz de Sandra agitada, su mano en el cuello, los dedos ligeramente rozándolo, asustada.

-“Tiene derecho a permanecer callada,” el hombre avanzo hacia ella, bajando la pistola. Los otros dos aún le apuntaban. “Y a un abogado.” Ágilmente la tomó del hombro y la hizo darse la vuelta, jaló sus brazos inoperantes y le puso las esposas. “En caso de que no pueda costearse uno el estado le asignará uno a su caso.”

Sandra boquiabierta. –“¿Qué pasa? ¿Qué..?”

Andrei responde, lagrimas en los ojos -"Sandra, ¿porqué mataste a Lucía? ¡¿Por qué sandra?!"

 

laugardagur, mars 14, 2009

Volveré a escribirte, cuando...

...Y la sed de venganza no sea más que un intento mío por desmitificarte

föstudagur, mars 13, 2009

HADES-town

Caronte
con uniforme obscuro
pistola
extraño idioma
para oidos mudos

su barca
la garita
navega aguas de cemento
aqueronte detenido
en gris, en miedo;
rio de carros
y no de muertos

sus manos
libres de callos
libres
reman en el espacio in fi ni to
de una linea

una línea que es frontera
que es muro
que es entrada a ese
mundo
debajo del mundo


sólo los muertos cruzan

los vivos,
los que sienten el
latir
del
miedo
los que no traen óbolo
o los que esconden
algo
o todo
del Cancerberos
deben ser Orfeos,
deben ser Psiques,
Heracles,
ó deben ser pendejos
,
pues una vez dentro
no son uno,
sino siete infiernos
;
no hay pegaso para visitar
a las Helenas de los pueblos
.
y a veces,
este mundo
debajo del mundo
arrebata Euridices
y deja sombras
,
y juzga, tuerto
la sangre obscura,
ajena
que quiere o circula
(escondida)
por sus venas


Sólo los muertos cruzan


y allí,


Solos quedan los muertos

fimmtudagur, mars 12, 2009

Finally,

A Sahalie.

Finally, she thought after finishing cleaning the battub for the third time that week. A grimace more of tiredness than of the anger she had displayed earlier with her kids now appeared on her lips, which were drawn in a straight line. She cleaned her hands on her apron and left the sweeper against the wall, and turned to see her reflection on the mirror. Her eyes were semi-closed even though it was only afternoon, and her hair – her only beautiful, woman trait – was disheveled and opaque. She stared at her body – not even on her pregnancy had she stopped seeming like a boy, curves non-existent and shoulders just too bony. But she wasn’t sad by her looks – John still loved her (and she smiled at this), and her kids, her kids were her life, and the scar she had on her tummy from the last pregnancy, of Alec, was something she admired whenever she looked at her herself in the mirror. She absentmindedly fingered the scar, while thinking on her kids. Her kids. Leila was out with a girlfriend from school, and Sharon wouldn’t be back from Music practice till 7. But Alec… Alec was supposed to be here, in the TV or in his room making the according noise to a kid his age and hyperactivity, and she heard noting. Her heart beat one step faster. Alec. I don’t hear Alec. Her voice sprung out laud calling his name “Alec?” And she exited the bathroom towards his room, three doors apart. The door was closed, and she opened it with her mother worry avoiding her to think about the privacy her littlest son still didn’t asked for. The room, however, was empty. While her eyes adjusted to the blue tint of the shadows, she contained her breath in order to be able to hear him, to hear his voice or laughter or noise from some point of the house. But silence answered her, and in the entrance of the blue room she shivered. She turned and half-ran to the girls room, to her room, and down the stairs; to the kitchen, the study area, and still, calling his name, he didn’t answer nor appeared. Alec, Alec, where are you? Her mind raced, if possible, even faster than her steps by this point. A gush of wind flapped the backyard door once and then fell dead, as if telling her to go that way, and so she did, not questioning the wind, her heart, her instinct. She ran outside the house, and was relieved to see, faraway, the figure of Alec standing in the middle of the lawn, just meters before the woods that surrounded the house. “Alec!” She yelled, to call him to come to her, but got no answer. He didn’t move. And she was still not totally relieved. Something was amiss, and the fear possessed her body for the interminable seconds she started walking towards her son, with a precautious slowness as if any hard movement would be out of order. “Alec, can you hear me? What’s wrong?” The sky was clouded, and a thunder was heard, loudly and close. “Alec? Is everything all right?” She stopped walking some meters before reaching him. At this last question, he had turned to see her, hazel eyes misty and faraway. He gazed at her for some seconds, words and ideas forming in a dream-like state, which he was being slowly pulled off from. Finally, he answered her, words trailing into an unending silence “No mama… the wind is quiet”.

miðvikudagur, mars 11, 2009

Games

"Is everything ready?" she said.
"Yes I think so," he said.
"So which one is the kitchen?" she said.
"This over here. I marked it with your scarf and my sneakers," he said.
"Ohh.. .And I guess this big area in the shade is the TV room?" she said.
"Yup. I thought we would spend the most time here. I mean, I could spend my whole afternoon just watching cartoons!" he said.
"So you'd rather be watching cartoons than playing with me?" she said with a slight accusatory tone on her voice.
"No Mer, of course not. I mean... not today, they're re-runs" he confessed, sheepishly.
"Glad to know it,” she said, cold.
They fell silent for a while, Meredith doodling on the earth and Sam watching her, hands tucked into his pants. It was a warm Sunday’s afternoon, and the grown-ups were having a meal inside the house, and they, being the only children, were playing around in the backyard.
"So are we playing or not?" he asked after the silence prolonged too much.
"Well, I guess so. Do you have everything ready?"
"Yes, I already told you," he answered, slightly annoyed.
"Hey, it's just that... I was kinda hoping you didn't."
"Ah?"
"Well, you know... it kinda hurts."
"That's coz you're a girl. Mamma always plays with daddy and daddy doesn't complain."
"Yeah but…they're grownups." She started playing with the hem of her dress.
"They are grownups, they are grownups... Com'n! Grownups think they are all so intelligent and capable and they... well, what do we lack? 50 cm more height? I'm just SO tired of that excuse!"
"...Well… I guess you're... right," she lowered her gaze.
"Come on, we'll have fun this time," he said.
"Ok. Where shall we do it? Last time we started in the kitchen," she said.
"Let's try somewhere else," he said.
"Ok. Tv room?" she said.
"No."
"Ok, the bedroom?"
"Ok."
"Yeah, besides that's the most common place where they do it," she said.
"I already told you that's okay!" he said.
"Geez. Ok," she said.
She walked over there, head lowered after the outburst. Nothing more happened for a few seconds.
"So... take off your dress," he said.
"But the grass will sting me," she said.
"It won't don't worry," he said.
She undid her dress and pulled it up over her head; her hair got stuck in the zipper and he had to come and help her. Her eyes got wet, but she sniffed and rubbed her scalp, and he, seeing she was now okay, took off his own t-shirt and pants while she took off her underwear.
"So... can I see it?" she asked, completely naked.
"Nope, not yet. You first need to turn around, give me your back," he said.
"Like this?" she asked.
"Yes yes. Now on your knees... put your hands out for balance… great. Hey! Don't look over your shoulder, that's cheating," he said.
"Don't call me a cheater," she said.
"Then don't look over your shoulder," he said.
"Ok I won't," she said.
"Ok. So I'll start. Ready?"
She nodded. He saw her there, childish body totally exposed, and took off his pants.
"Shall I do 20?"
She didn't answer, so he took that for a yes. From his pocket, he took out the black whip, walked towards her, and started lashing her with all the force he, an eight year old boy, could muster.


þriðjudagur, mars 10, 2009

Ojos de Viejo Azul

Se quedó parado ahí, sin saber que hacer. El sonido intermitente de la maquinaria de respiración lo distraía de sus pensamientos, iban enmarcando cada idea de venganza y disminuyéndola, cuadrándola, encajonándola en un tac tac acompasado y ridículo, innecesario. Se sintió conciente de la pistola guardada en su pecho, en el bolsillo de la gabardina. Pero esto no era lo que había imaginado. Porque lo había imaginado todo hasta el último detalle, y después lo había escrito, le había dado forma con palabras como se le da forma a un hechizo, para hacerlo más real, y después de tener paso por paso, detalle a detalle todo fraguado, había comenzado a trabajar en él, con una minucia y perfección posibles tan solo para quien tiene una venganza como motivo de su vida. Y eso tenía él, sed de venganza contra ése que ahora estaba arrinconado en una silla de ruedas, dependiente completamente de otros, de esos otros inferiores a él a quienes siempre había despreciado, para poder respirar, tragar y hasta limpiarse el excremento.

Los ojos de perro viejo lo sorprendieron: no los recordaba tan azules de su juventud. Estaban ahora enmarcados con un iris amarillento y carnoso, y la cara inexpresiva solo demostraba la falta de reconocimiento hacia él y un cierto rencor y desasosiego contra la vida. Se sentó sin quitar la vista de ese hombre que, en la juventud de ambos, había sido su ídolo: amigo de su hermano mayor, habían compartido muchas tardes en su casa, disfrutando de lujos que su propia madre no podía darles, y habían sido compañeros en el futbol, en las cascaritas del barrio, en las cuales el carácter fuerte de su "amigo" los había puesto más de una vez en aprietos de los cuales había sido absuelto gracias a la fina puntería en el deporte. Pero el de la silla de ruedas había sabido salirse del deporte a tiempo y comenzar la carrera política, mientras que su visitante, él, había seguido jugando, dejado la escuela, e incluso a aquella novia que en su época se había jactado mucho de haber enamorado antes que el otro, para trabajar de alguna pequeñez correspondiente a su nula alcurnia.

Se recordó de todo esto al abrir el álbum que había traído para mostrarle. El álbum había sido uno de los pasos del plan, y había vaciado las cajas de fotos de su infancia y adolescencia, buscando justo los momentos exactos, los recuerdos que a él le hacían un nudo en la garganta al recordar y pensar que ese joven, ese amigo, había llegado a ser tan ruin. Foto del futbol. Foto en el patio de la casa de San Rafael, foto en la escuela, en el cumpleaños de su hermano, en... fue pasando las fotos, los ojos de perro azul miraban sin mucho interés las páginas laminadas y parecían abstraerse mas que nada en sus manos que temblaban al pasar cada foto, demostrando un temor que no aparecía en su voz. De vez en cuando se perdía su vista en la puerta, por donde se alcanzaban a oír rumores de voces de la enfermera platicando por celular animadamente, aprovechando el tiempo de descanso de su paciente mientras confeccionaba un aperitivo para la visita. No se podría decir si la extrañaba y deseaba que viniera a atenderlo, si la visita le parecía molesta o si solo era el Alzheimer el que le hacia olvidar el que tenia visitas y comportarse de una forma un tanto grosera, incluso para un anciano.

Un anciano, pensó el vengador. Un anciano, al igual que yo, pero que pinche anciano. Que pinche vida, arruinando la vida de los demás. Empezó a pasar las hojas con mayor velocidad, dejando ahora que los ojos de las fotos hablaran por él, por las palabras que sólo quería decir para exorcizarlas, para ver si ese a quien iba a matar en pocos minutos reconocía a alguien, a algo, a si mismo, a su error, y le daba sentido a esta venganza. Pero nada. Los ojos miraban mudos desde detrás del celofán del álbum, con sonrisas congeladas e insignias de otros tiempos, con gente que o había cambiado mucho por la decrepitud que traen consigo los años o estaba ya bajo tierra. Llegó a la última página, y de nuevo había perdido la atención del viejo en silla de ruedas. De su víctima. Del que había sido su verdugo. Sus labios casi inexistentes se apretaron en una línea, mirada café clavada en la comisura de unos ojos que no lo miraban.

El silencio se alargo por el infinito, y el tiempo comenzó a avanzar tan despacio que las sombras se tornaron pocas, hubo un regreso atemporal por toda la historia del universo al estado neonatal y la masa primigenia que fue interrumpido cuando por fin, sin mayor sentinencia que la inexistente, los ojos de perro viejo volvieron a mirarlo. Se aclaro la garganta y volvió a acercar el álbum al viejo, quien en esta ocasión lo tomo entre sus manos, un brillo de reconocimiento tomando forma en la profundidad de las leves aguas de sus ojos.
Ese, es mi hijo, dijo él.
Y tú lo mataste.
Las palabras no alcanzaron a mellar en la mente del viejo lo suficientemente rápido como para que este reaccionara y observara como el vengador metía la mano en su gabardina, sacaba la pistola, y apretaba el gatillo ya preparado, pero el impacto si lo sintió, un dolor punzante, ardiendo, al cual no tenía comparación en su mente pues su memoria había borrado cualquier otra caída que hubiera sufrido de niño, golpe o accidente en su adolescencia o madurez. La bala lo había alcanzado en un pulmón, y el ya de por si precario movimiento de su pecho comenzó a aletargarse. El viejo lo miraba desde su silla de ruedas fijamente, con miedo, con miedo y reconocimiento, y le dio cierto gusto después de haber jalado el gatillo el saber que ese a quien había venido a matar estaba ahí, ahora si, muriendo, concientemente.
La enfermera entró al cuarto, y lo siguiente que se escuchó fue su alarido alejándose, corriendo para protegerse y para avisar a la policía. Él, terminada su labor, tomó con manos temblorosas el álbum del regazo del viejo, y limpió la única gota de sangre que había caído con el disparo, justo sobre la frente de la foto de su hijo, justo como el viejo lo había matado, y se sentó a esperar a que llegara la policía, para juzgarlo.



mánudagur, mars 09, 2009

Mundane

It's odd, how you keep forgeting to pick the plates after you eat what I'e just cooked for both of us, leaving me here sitting on the table finishing the last mouthfuls of rice and picking with some sort of angryness at the bland carrots that just don't dissapear. I stand then in the kitchen, hearing your noises at the computer, and I drown that silly song in the water..

föstudagur, mars 06, 2009

Mornings

Tap. Tap. Tap. Tap. El agua del grifo goteaba en el fondo. Y el no sabia que hacer, pues no sabia nada de plomeria y no parecia querer detenerse. Miro la hoja de papel de nuevo. Miro la ventana de nuevo. La pared, sus manos. Se meso el cabello. Su obsesion no llegaba. Su obsesion era querer saber cual era su obsesion, para por fin poder escribir de ella.

Salio a la calle decidida a encontrarsela. Recorrio las primeras cuadras sin ver ninguna pista de ella, de su cabello castanio ni su andar energetico. Llego al parque, y los columpios tenian ninios, y las bancas familias, y ella no estaba sentada bajo ningun arbol. Siguio caminando, las manos en los bolsillos, y paso por la escuela, pero ahi no podria estar, y la panaderia, pero estaba cerrada. El dentista? No, ella no debia estar ahi; no iba con su energia. Recorrio calles y mas calles, y llego al puerto. Camino por toda la acera, espantando gaviotas con su paso airado y veloz. Y la vio. Cabellera castania callendo por su espalda, vestido amarillo, pantorillas tensas en una extension para poder besar al hombre en el cual sus manos se recargaban. Se dio media vuelta y se marcho. Ella solo alcanzo a ve runa figura alejandose, y se le antojo, por un momento, que hubiera sido el, anhelo errante y lejano, pero el nunca habria ido a buscarla.

fimmtudagur, mars 05, 2009

Propósitos de Año Nuevo

Mi proposito de año nuevo fue guardar mis sueños, congelarlos en papel para, al releerlos, encontrar ese cariño de sabueso, el terror del caballo que me gotea por los ojos, los corpúsculos y dientes rancios que se me han caido miles de veces ya.

Anoté: dejar de pulular por tu lado. Escribí: comprarme una guadaña. Pensé: reinvéntate, pero desistí. Y entonces escribí: ahora, no nunca. Y Créce.

þriðjudagur, mars 03, 2009

Respuestas

Porqué me fui? porqué, por qué?

Por tus manos royendo mis caderas, por encontrarte en cada segundo perdido, en tu mundo donde todas las mujeres se llaman con M de mujer, de Misterio. Si yo me llamara Clara, tu manía de mirar mis ojos buscando un laberinto desaparecería, y me voy por estar cerca, cerca de ser descubierta como plana a pesar de mis curvas y recovecos, antes de volverme la rutina de tus tardes en la plaza... Tu no olvidaste aquella vez que...

miðvikudagur, september 10, 2008

Comienzos

Ese día, él dejó de ver el futbol por ella. Había dicho a todo que "sí", porque un "no" hubiera, de acuerdo al protocolo tácito en esa etapa, equivalido a un "no" más profundo. Por eso le había ofrecido casa, pizza, tele, compañía, promesas y tarde y cielo y noche, con tal de verla sonreir esa sonrisa que significa que sí, que sí, que claro que sí (que sí el corazón, la risa, el beso, la eternidad). Llegó ella, radiante y fresca. Le abrió él, quien había estado durante veinte minutos (o más) buscando algo para fingir que hacía algo. Al final solo había acertado a esconder el temor con colonia...

(y todo, mucho tiempo despues, se acabo con un "lo siento, pero...")

þriðjudagur, september 02, 2008

Epílogo

Tú no lo sabes, pero en realidad, no servirá de nada. No servirá el que manejes dos horas, salgas de carretera y llegues a esa playa sola que buscas; no servirá que te adentres, con corazón y memorias, en la arena, que llegues frente al mar y, con lágrimas, le cuentes a gritos a ése que no está, que ya no lo quieres contigo. No servirá tampoco cuando abandones sus cartas al viento, cuando, en la soledad del día soleado, decidas ya no amarlo, ni que cuando vuelvas, tu carro se haya atascado, y tu, en silencio con el mar, tristeza, arena y más arena, empieces a caminar de regreso, a buscarlo ya no a él, si no a ayuda. Y llegarás, casi derrotada, a un punto en el camino en que te sentarás bajo la hoja de un arbusto, y en el que, dios, te hará encontrar una chispa de ayuda, ayuda para tu carro, pero no para ti, por que tu, y todo lo que has hecho para olvidarlo, no servirán de nada. Tú no lo sabes, pero tienes esa, tu gran batalla, perdida..

mánudagur, september 01, 2008

Ella

Lo único que tenía de ella era una imagen. Pero una imagen le bastaba, pues el era un pintor.
Así que comenzó a pintarla, primero con la memoria del deseo, después con los pinceles de la nostalgia, y ella surgió, de alma desnuda, para ser la luna que lo perseguía cual sombra, hecha tinta. A diario, pasaba su pincel por sus brazos y senos, cambiaba el color del pelo y modificaba esos detalles que su mente insistía en cambiar, el perfil del mentón, la sonrisa - a veces más triste, a veces mas llena, y lograba enamorarse una y otra vez de esa su musa distante de óleo. Y dormía, a unos metros de su cuadro, soñando con reencuentros en países imaginarios, con besos rojos y cálidos, mientras, aquella que una vez sí existió, dormía a su lado, despierta y anhelando el momento en que, su pintor, dejara de mirar el lienzo y volteara, a verla, una vez más.

sunnudagur, ágúst 31, 2008

Temo de ti el olvido, temo de ti el ensueño..

Juro por este corazón que te extraña, que nuestra ausencia no será en vano (y el final será reescrito una y mil veces, para no acabar con tan sólo un beso y una distancia)

laugardagur, ágúst 30, 2008

Atonement

Si las deudas de amor se pudieran pagar con sangre, dejaría hasta mi última gota por borrar el opaco de tus ojos al hablarme, ofrecería el silencio, mis pecados y mi risa por esa tu ternura extraviada, y hasta ofrecería, sin misericordia, mi vida por tu alma...

föstudagur, ágúst 29, 2008

Porque puedo

Tengo la piel perversa y los besos fáciles, y la indiferencia clavada en mi alma. Tanto da si me amas: yo se que tras el rímel, tras los ojos, no soy yo. Tras esta sonrisa, no soy yo. Tengo el corazón tan blanco, y tú… yo no sufro por tu mirada, por tus suspiros, por tus caricias. Tanto da si me amas. Tanto da, si al filo de la madrugada, pronuncias mi nombre en llamas, si me deseas, me buscas y me clamas, y yo, obligada, accedo, perversa y fácilmente, a clavarte el alma con piel y besos, para que vivas la felicidad de unos labios ensombrecidos por otros labios, que no son tuyos, y que yo, no tengo.

fimmtudagur, ágúst 28, 2008

Esas ganas inconsolables de ti...

Tengo ganas de escribirte, manchar tu nombre en el papel miles de veces, y darme a mi y a nuestra historia un final feliz. Porque yo merezco un final feliz; porque nuestro amor merece un final feliz. Pero no, el que aun no es final, no es feliz: tu has desaparecido de mis calles, de mis gentes, de mis sueños; de mi han desaparecido las ganas de calle, la sonrisa para la gente, el sueño; y el amor, el amor ha desaparecido, dejando vacías calles, gentes y sueños tuyos míos y nuestros. Pero quiero contar eso que no he vivido, contar para vivirlo, y convertir la nostalgia de tu cuerpo, de tu risa, de tus ojos, de tus manos, de ti en palabras que me dejen, aunque sea momentáneamente, sentirte cercano, mío, mío…

(Por eso tengo que escribirte, porque, amor, ya solo existes como un náufrago de mi antojo y otra realidad que no volveré a pisar…).

miðvikudagur, júlí 30, 2008

Borrador No. 46

La empecé mil y un veces. Bueno, no tantas. Pero si han de haber sido unas cuarenta. Por eso no había podido escribir nada desde aquel último cuento: sabía que mi siguiente carta, ésta, tenía que ser la mejor obra maestra que yo hubiera producido, y que iría dedicada a ti, a ti y a tu corazón, para convencerlos, a ambos, de quererme de nuevo. Y es que... una palabra de más, una coma de menos, y todo el silencio de emociones que intento transmitir en este último y único intento serían solo ruido, manchas, tinta para ti (y no lágrimas, amor, caricias... verdades..). Te he callado y te he soñado mil y un veces. Y ahí si, ahi sí son tantas...

miðvikudagur, júlí 09, 2008

(Intervención)

And what if you slept?
And what if, in your sleep, you dreamed? And what if while you dreamt, you went to a paradise? And what if in your dream you plucked a rare and beautiful flower? And what if, when you woke up, you had that flower in your hand? And what if, when you woke up, you were still by my side? Ah, what then?